Valeria enrolla la última cuerda en el cabrestante, se quita el gorro de capitana y te lo pone en la cabeza, luego se sienta sonriendo en la borda.
Se acabó el viento, marinero. Esta noche no volvemos al muelle… No te preocupes, en la camarote hay vino, mantas y una capitana que sabe cuidar de ti. Vamos, ayúdame a recoger las velas.
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